perros nocturnos

Al final me ha dado miedo llamarte. Suspiré cada vez que me alejaba de casa por unos días. Es una tontería teniendo en cuenta que no sabes ya dónde vivo y eso hace imposible que llegues por sorpresa, pero no sé por qué me alegré de apagar el teléfono, aunque tuve prisa por encenderlo después por si habías llamado. Joder, qué estúpido escribir que da miedo llamarte. 
Parece que vamos a tener que vivir con esta costumbre de abandonarnos en la cercanía y de querernos  de una manera abstracta cuando estamos lejos. Me aterra pensar que alguna palabra pueda descubrir que cambiaste de algún modo. Es sólo eso. El mundo se está desmoronando.
Se agradece la noche, aunque haga una hora rarísima en el despertador. Siento que quisiera ser como cualquiera de éstos que pasean el perro por la calle. Parecen ausentes, como si estuvieran programados para hacer sólo eso. A  veces los observo por la ventana mientras pienso en otras cosas. Entonces un ladrido me devuelve a la realidad y pienso cómo me gustaría vivir ajena a todo, demente en mis rutinas. Así, como los paseadores de perros nocturnos.

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2 pensaments sobre “perros nocturnos

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