buscando a Lara

Cada vez que vuelvo a Nueva York tengo la esperanza inútil de encontrar a Lara. Quizás en una callejuela o en un rincón del metro una mano llena de mugre me llegue a rozar, me reconozca y una voz temblorosa me pida un triste dólar. Eso es lo que pienso.
Cuando Lara llegó a la ciudad estaba llena de ilusiones y expectativas sobre lo que su experiencia en un país extranjero tenía que ser. Pero pronto dejó de llegar dinero de casa, se puso a trabajar repartiendo diarios en las bocas de metro de madrugada y fue abandonando sus clases en la universidad. Conoció a un cocinero chalado español que bebía descontrolado y llegó varias veces con infecciones de orina que le provocaban un dolor en el vientre que hacía que se retorciera en mi cama. Se le hinchó la panza de aún no sé qué y sus ojos verdes quedaron maquillados de un color violeta perpetuo. Al final hasta nos dio igual no despedirnos.
¿Dónde estará Lara esta noche?
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Un pensament sobre “buscando a Lara

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